El espíritu de una época: Boldini y la pintura española a finales del siglo XIX
- Iulian Ariton

- 24 ene 2020
- 5 Min. de lectura
La Fundación MAPFRE acoge por primera vez en España, desde el 19 de septiembre de 2019 en la sala Recoletos, una exposición en la cual podemos ver la obras del pintor Giovanni Boldini, el más importante y exuberante de los artistas italianos residentes en Paris durante la segunda mitad del siglo XIX. Nos encontramos además con piezas de algunos de los pintores españoles que habitaban en la capital francesa durante el Paris de entonces, y que a través de sus obras mantenían cierta conexión con el pintor ítalo. Gracias a ellos, desarrollara su propio estilo impresionista y modernista.
La exposición ilustra la trayectoria del artista: desde sus inicios en Florencia, pasando por su etapa parisina donde se afianza cierta popularidad coincidiendo con los estilos de los pintores españoles de la capital Francesa, hasta su estancia en Nueva York, donde es reconocido como un artista de gran prestigio. El recorrido expositivo se divide en diversas etapas, caracterizadas por diferentes estilos que van a depender de su ubicación y del círculo de pintores con los que se codea.
La primera de ellas nos muestra los orígenes del pintor en su país de origen. Siendo su padre pintor, se inicia en el sector gracias al estudio de este. Posteriormente cursa sus estudios en la academia de Florencia, donde tendrá lugar su primera etapa: la invención del retrato “macchiaiolo” (1864-1870). Una de las características de este estilo se basa en la afirmación de la posición social del retratado, siendo estos miembros de la alta burguesía y la nobleza internacional. Es en el “Caffè Michelangiolo”, lugar frecuentado por diversos artistas, donde Boldini se encuentra con estos miembros de la alta sociedad, y los retrata desde un estilo personal. En cuanto a la composición de las obras, sus principales ubicaciones se sitúan en interiores, destacando una paleta de colores oscuros, poco vibrantes y muy básicos, que en cierta manera recuerdan el estilo “chiaroscuro,” de Caravaggio. De este modo, prevalece colores como el marrón, naranja; o el rojo y el verde en sus tonos más oscuros También llama la atención la vestimenta de los retratados, la cual es representada en la mayoría de las obras por tonos negros, dando así una sensación de seriedad y prestigio social.
Siguiendo el estilo “macchiaiolo”, Boldini pinta “Mary Donegani”, un óleo sobre tabla datado en 1869, perteneciente al Instituto Matteucci de Viareggio, y que se encuentra entre las costumbres y el retrato.
La segunda etapa con la que nos encontramos es la de la “primera manera” francesa de Boldini (1871-1879). Se caracteriza por la estancia del pintor italiano en la ciudad parisina, donde pasa del retrato a los cuadros de moda, cambiando por completo el estilo que había seguido hasta esos momentos. Mediante la influencia de artistas como Mariano Fortuny, y haciendo eco de la pintura española, trabaja en cuadros de pequeñas y medianas dimensiones, donde destacan escenas cotidianas que cuentan con Berthe, la amante del Boldini durante varios años, como principal modelo. Las escenas de estas obras se ubican en jardines y en espacios interiores prestigiosos y de gran riqueza. En los exteriores, la naturaleza es uno de los recursos más llamativos, brindando al cuadro un toque exótico. La vestimenta y los complementos de las modelos ilustradas proporcionan un sentimiento totalmente contrariado a la etapa florentina, gracias a sus colores brillantes y llamativos con multitud de detalles, que en ocasiones se funden con la naturaleza.
Una sección intermedia de la exposición, titulada “ecos de Boldini en la pintura española de fin de siglo” recoge las obras de los españoles que se encontraban en Paris desde la segunda mitad del siglo XIX, y que coincidiendo con la llegada de Boldini en la década de los 70, siguen un estilo parecido al de su estilo de la “primera francesa”, coincidiendo en la temática costumbrista de las obras, donde destaca la figura burguesía que se encontraba en un gran momento, y en sus pequeñas dimensiones. Nos encontramos con piezas de pintores como Raimundo de Madrazo, Eduardo Zamacois, Mariano Fortuny, o Joaquín Sorolla, que mantendrá una relación estrecha con el pintor italiano.
Entre los años 1880 y 1890, nos encontramos con la etapa de la “vida moderna” del pintor, en la cual se centra en retratar la ciudad de Paris, que se encuentra en pleno esplendor debido a su modernidad. Ilustra cada uno de los rincones de la capital francesa. En este tiempo es cuando refuerza sus vínculos con el círculo de pintores españoles que se encuentran residiendo en Paris. También retrata mujeres de gran belleza, con la característica de que esta vez solo se trata de medio cuerpo, característica que se distancia de los retratos habituales a Berthe. Además, nos encontramos con obras de mayor proporción a diferencia de la década anterior. Esto brinda más vida y realidad a los cuadros.
La última etapa que nos brinda la exposición es la de Boldini como retratista de la “Belle Époque” (1890-1920). Esta sección se centra en el desembarco del artista en Nueva York. Se aferra a un estilo totalmente innovador, donde domina el movimiento y las pinceladas largas, además de la utilización de crayones de pastel. Los cuadros se llenan de dinamismo, que pueden observarse en las figuras representadas. En las primeras obras que pinta siguiendo este estilo, notamos el movimiento en la totalidad de la pieza, mientras que las pinturas que se acercan a los años finales de siglo están representadas por unas figuras focalizadas, con detalles fácilmente apreciable. Así, el fondo de la obra atrae de una forma peculiar mediante su dinamismo. Las proporciones de las obras adquieren un tamaño que nunca antes había sido utilizado por el pintor. Nos encontramos ante piezas cuyas figuras podrían ser similares a un tamaño real. Cambia la vestimenta de las mujeres, mostrando más piel, e incluso aparecen obras de desnudos, realzando la belleza natural. De este modo, nos encontramos con cuadros más chocantes, cuyo impacto en el público causa mayor admiración.
A pesar de ser catalogado como retratista por la gran parte de la sociedad influyente, como la aristocracia o la alta burguesía, Boldini también mostró gran interés en escenas anecdóticas o cotidianas, tanto en la ciudad moderna, a través de su etapa de “vida moderna” que cuenta con un toque modernista, como en el paisaje, utilizando con gran destreza la naturaleza para dar vida a sus obras. Combinando la tradición con la innovación, las 124 obras que las Fundación MAPFRE expone para el público transmiten el espíritu de toda una época, mediante un estilo único basado en la intuición del instante, y el movimiento, que es reflejado con rápidas pinceladas, pero sin perder nunca de vista la figura y la expresión del retratado, reflejado en su última etapa.





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